Los británicos rebautizaron este vino francés porque no sabían pronunciarlo, y la marca ha acabado imprimiendo el apodo en la etiqueta

KFC y la bodega francesa La Vieille Ferme abren en Londres un bar de vinos efímero llamado «Coq au Vin», donde el pollo frito se marida con vino. Estará en Shoreditch, del 28 al 31 de agosto, en sesiones de 90 minutos y con entradas a 15 libras.
Suena a ocurrencia de verano. Debajo hay una decisión de marca bastante menos frecuente de lo que parece.
Cómo un vino francés acabó llamándose «vino de pollo»
En Reino Unido, a La Vieille Ferme la llaman «The Chicken Wine». El motivo no es una campaña: es que a los consumidores británicos les cuesta pronunciar el nombre francés y en la etiqueta aparecen un gallo y una gallina. Así que le pusieron el nombre que podían decir y que describía lo que veían.
Es una marca asequible y popular entre la Generación Z, es decir, exactamente el público que rebautiza cosas y las hace circular. Y ahí la empresa tenía dos caminos: corregir al público o quedarse con el nombre.
Lo que decidió la marca
Se quedó con el nombre. Y para este pop-up va más lejos: recupera la etiqueta «Chicken Wine» en exclusiva para el evento. El apodo pasa del boca a boca a la botella.
El detalle inteligente es que sea solo para el evento. La marca se lleva el beneficio de reconocer el apodo —complicidad, conversación, un motivo para hablar de un vino barato— sin renombrar el producto de forma permanente. Es una prueba con fecha de caducidad, no una rendición.
Cuándo funciona aceptar el nombre que te pusieron
No siempre. Merece la pena separar los casos:
- Funciona cuando el apodo es afectuoso y describe algo cierto. Aquí hay gallinas en la etiqueta: el público no se inventó nada, señaló lo que veía.
- No funciona cuando el apodo es despectivo. Abrazarlo entonces no es complicidad, es aceptar el marco de quien te critica.
- Y no funciona si desplaza un posicionamiento que has pagado por construir. Una bodega que vende origen y terruño no puede permitirse ser «el vino de pollo»; una que vende precio y accesibilidad, sí.
Por eso el movimiento encaja aquí y sería un error en la mayoría de las bodegas francesas.
Qué me llevaría de aquí
- Mira cómo te llaman de verdad, no cómo te llamas. Si hay un apodo circulando, ya existe: la elección no es si tenerlo, es qué hacer con él.
- Si lo adoptas, hazlo con fecha de caducidad primero. Una edición limitada te dice si funciona sin comprometer la marca.
- Un nombre difícil de pronunciar es un problema de distribución, no de branding. La gente no compra lo que no sabe pedir, y aquí resolvieron eso sin cambiar el nombre real.
Datos de la colaboración entre KFC y La Vieille Ferme recogidos por MarketingDirecto el 18 de agosto de 2026 y contrastados con las coberturas de Campaign, The Grocer y The Retail Bulletin, que aportan la ubicación, las fechas, el precio de las entradas y la etiqueta conmemorativa.
Para seguir: otra marca apoyándose en algo que ya tenía cuando una marca cambia el tono de su categoría qué piensa hoy la audiencia de lo que le recomiendan.
Foto de portada: «KFC, Douglas», de Michael Rivera, bajo licencia CC BY-SA 4.0. Es un restaurante de la cadena, no el local del pop-up.