Qué es el growth hacking y por qué el término está desapareciendo (aunque las prácticas no)

Hay una forma rápida de ver qué le está pasando al growth hacking: mirar cuánta gente lo busca. En España, la consulta pasó de 1.600 búsquedas mensuales en septiembre de 2025 a 720 ahora. Menos de la mitad en un año.
No es que las prácticas hayan desaparecido. Es que el término ha dejado de hacer falta, y explicar por qué dice más sobre el oficio que cualquier definición.
De dónde salió: un problema de contratación, no una técnica
El término lo acuñó Sean Ellis el 26 de junio de 2010, en una entrada titulada «Find a Growth Hacker for Your Startup». Ellis había sido el primer responsable de marketing de Dropbox y después fundó GrowthHackers.
Su definición original cabía en una línea: «un growth hacker es una persona cuyo norte verdadero es el crecimiento».
Y el contexto importa más que la frase: Ellis no estaba describiendo una disciplina, estaba escribiendo una oferta de empleo. Necesitaba explicar por qué una startup no debía contratar a un director de marketing clásico —caro, orientado a marca, con equipo y presupuesto— sino a alguien distinto. El término nació para resolver esa incomodidad.
Las tres cosas que de verdad lo definían
- El crecimiento como objetivo único. No notoriedad, no imagen, no alcance: usuarios. Todo lo que no moviera esa cifra se descartaba, aunque fuera bueno.
- Experimentos en lugar de campañas. Muchas pruebas pequeñas y medidas, en vez de una apuesta grande al trimestre. La unidad de trabajo dejó de ser la campaña y pasó a ser el test.
- El producto como canal. Es lo que más se malinterpretó y lo más valioso: el crecimiento no se compra fuera, se construye dentro. La invitación de Dropbox que daba espacio a quien invitaba y a quien era invitado no era publicidad, era una función del producto.
Qué sobrevivió — y hoy se llama simplemente marketing
Aquí está la razón de que el término se apague. Casi todo lo bueno que traía ya es práctica normal:
- Probar antes de decidir. Los tests A/B no son de nadie en particular: están en el panel de cualquier plataforma.
- Medir el embudo por etapas en vez de mirar solo la venta final.
- Bucles de recomendación integrados en el producto, de los códigos de invitación a los programas de referidos.
- Captación desde el propio producto, con planes gratuitos que existen para traer usuarios, no para regalar software.
Cuando algo lo hace todo el mundo, ponerle nombre propio deja de aportar. En 2012 decir «hacemos growth hacking» te distinguía; en 2026 equivale a decir que usas hojas de cálculo.
Y qué no sobrevivió, que también conviene decirlo
La palabra hack arrastraba una promesa de atajo, y esa parte ha envejecido mal:
- Los trucos de extracción de datos y los correos fríos masivos a listas conseguidas de cualquier manera. Buena parte de aquello hoy no es solo de mal gusto: choca de frente con la normativa de protección de datos.
- El crecimiento a cualquier precio, que llenaba bases de datos de usuarios que no volvían. Inflaba la métrica del mes y vaciaba la del año.
- La estética del atajo. La idea de que existe un truco pendiente de descubrir es justo la que hace perder tiempo, porque lo que funcionaba era el método —probar, medir, descartar—, no el truco.
Si va a contratar para esto en 2026
El consejo práctico es sencillo: describa el trabajo, no la etiqueta. Un anuncio que pide un «growth hacker» atrae a gente muy distinta entre sí, porque el término ya no significa lo mismo para nadie. En su lugar, concrete:
- Qué métrica es la que manda y quién la calcula hoy.
- Cuántos experimentos al mes espera y quién decide cuáles se hacen.
- Qué acceso tendrá al producto. Sin capacidad de cambiar algo dentro del producto, la mitad del trabajo no se puede hacer y acabará siendo un puesto de campañas con otro nombre.
- Con qué datos va a trabajar y en qué estado están, que es donde se atasca casi siempre.
Una nota sobre la cifra con la que abre esta pieza
Por transparencia: esos datos son de España y salen del planificador de Google. Y hay un detalle metodológico que conviene conocer si mide palabras clave — «growth hacking» y «growth hacker» devuelven exactamente el mismo volumen, el mismo coste por clic y la misma serie mensual. No son dos consultas que se sumen: son el mismo grupo, agrupado por el propio planificador.
Sumarlas daría 1.440 búsquedas donde hay 720. Es un error fácil de cometer al dimensionar un tema, y una de las razones por las que un plan de contenidos puede parecer el doble de grande de lo que es.
Foto de portada: «Desk-office-workspace-coworking», de Pixel.la Free Stock Photos, en dominio público (CC0). El origen del término y la definición literal proceden de la entrada «Find a Growth Hacker for Your Startup», publicada por Sean Ellis el 26 de junio de 2010. Los datos de búsqueda son de España y se consultaron el 5 de septiembre de 2026. La traducción de la cita es nuestra.
Para seguir el hilo: qué buscar en una agencia de marketing para startups · cómo ver de verdad qué hace la gente en tu web · cómo se ordena una planificación digital sin atajos.