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Account based marketing: qué es, cómo se hace y qué exige cada plataforma

7 min de lectura
Asistentes con portátiles siguiendo una ponencia en un congreso profesional, sentados en butacas rojas

Un equipo de marketing B2B español con veinte clientes potenciales que de verdad importan no tiene un problema de volumen: tiene un problema de puntería. El account based marketing —ABM— parte de ahí. En vez de atraer a mucha gente y filtrar después, se eligen primero las empresas con las que se quiere trabajar y todo el esfuerzo se dirige a ellas.

La idea es vieja: la asociación sectorial ITSMA —hoy Momentum ABM— le puso nombre a principios de los 2000 para describir lo que ya hacían los equipos de servicios tecnológicos con sus cuentas grandes. Lo que ha cambiado es que ahora se puede comprar publicidad dirigida a una lista de empresas concreta. Y ahí es donde la teoría choca con la letra pequeña, que es la parte que casi ningún artículo en español cuenta.

Qué es exactamente, y en qué se diferencia del embudo de siempre

El marketing tradicional trabaja de arriba abajo: se genera alcance, se captan contactos y se van descartando hasta quedarse con los que compran. El ABM invierte ese orden. Se define una lista de cuentas objetivo, se identifica quién decide dentro de cada una y se construye el mensaje para ese comité de compra.

Tres consecuencias prácticas que conviene asumir antes de empezar:

  • La unidad de trabajo es la empresa, no la persona. Un contacto suelto de una cuenta que no está en la lista no es un avance.
  • Marketing y ventas comparten la lista. Si comercial persigue cuentas distintas de las que marketing impacta, no hay ABM: hay dos departamentos gastando en paralelo.
  • Los números son pequeños y eso es correcto. Diez conversaciones abiertas en diez cuentas objetivo valen más que trescientos formularios sin encaje.

Es la misma lógica de fondo que en la captación de clientes B2B, llevada al extremo de renunciar a todo lo que quede fuera de la lista.

Los tres niveles: uno a uno, uno a pocos y uno a muchos

El marco que se usa en el sector distingue tres intensidades, y la diferencia entre ellas es cuánto se personaliza y para cuántas cuentas:

  • Uno a uno (ABM estratégico): una cuenta, un plan. Contenido hecho a medida para esa empresa. Se reserva a un puñado de cuentas de contrato muy alto.
  • Uno a pocos: grupos de cinco a veinte cuentas que comparten sector, tamaño o problema. Se personaliza el ángulo, no cada pieza.
  • Uno a muchos (ABM programático): cientos de cuentas con segmentación automatizada. Se parece más a la publicidad de siempre, con la lista de empresas como filtro.

La letra pequeña: qué exige cada plataforma de verdad

Aquí es donde se cae la mitad de los planes de ABM, y no por falta de estrategia sino por un mínimo técnico. Estos son los requisitos publicados por las propias plataformas, consultados el 6 de septiembre de 2026.

LinkedIn Ads: no hay ABM uno a uno con anuncios

LinkedIn es el canal por defecto del B2B, y su segmentación por lista de empresas exige, según su documentación oficial:

  • Mínimo 300 filas en el archivo para que la subida funcione.
  • Máximo 20 MB o 300.000 empresas por lista.
  • La lista debe emparejar al menos 300 cuentas de miembro para poder usarse en un conjunto de anuncios activo. Por debajo, la herramienta muestra «<300» y la campaña no sale.
  • Se sube por CSV o por API de socios, y basta con uno de estos datos por empresa: nombre, sitio web, dominio de correo, URL de LinkedIn o símbolo bursátil.
  • Generar la audiencia puede tardar hasta 48 horas.

Léase despacio el tercer punto. Si su lista de cuentas objetivo son veinte empresas —que es el caso normal de un ABM uno a uno—, no puede lanzar esa campaña en LinkedIn. El uno a uno no se hace con anuncios: se hace con ventas, correo, eventos y contenido. Los anuncios entran cuando el grupo es lo bastante grande, es decir, en el uno a pocos agrupado o en el programático.

Google Ads: la lista caduca sola

La segmentación por lista de clientes de Google Ads funciona con datos propios y tiene sus propios límites, según la ayuda oficial:

  • Para que una lista siga siendo apta, al menos 100 de sus miembros deben haberse añadido o actualizado en los últimos 540 días.
  • La duración máxima de pertenencia a la lista es de 540 días: pasado ese plazo, el contacto deja de contar.
  • Se puede usar en Búsqueda, la pestaña Shopping, YouTube, Gmail y Display.

La consecuencia operativa es que una lista de cuentas no se sube una vez y se olvida: hay que refrescarla, o se vacía sola en año y medio.

Si el plan pasa por campañas automatizadas, conviene entender antes cómo reparte el sistema el presupuesto: lo explicamos en la guía de qué es Performance Max en Google Ads.

Cómo se mide, y por qué el número de leads no sirve

Medir ABM con las métricas del embudo clásico da siempre mal resultado, porque el ABM genera pocos contactos a propósito. Las cuatro que sí informan:

  • Cobertura de la lista: qué porcentaje de las cuentas objetivo ha tenido algún contacto real.
  • Penetración por cuenta: cuántas personas distintas del comité de compra conocen la propuesta. Una sola no decide.
  • Oportunidades abiertas en cuentas objetivo, no en el total.
  • Velocidad: cuánto tarda una cuenta objetivo en pasar de primer contacto a propuesta, comparada con las que no están en el programa.

Cinco errores que se repiten

  • Listas de cientos de cuentas «objetivo». Si entra todo el mercado, no hay selección: es publicidad normal con otro nombre.
  • Elegir la lista sin ventas. Comercial sabe qué cuentas están vivas; marketing, cuáles encajan. Falta cualquiera de las dos cosas y la lista es un deseo.
  • Personalizar el nombre, no el problema. Meter el logotipo del cliente en una plantilla no es personalización.
  • Esperar resultados en un trimestre. Los ciclos de compra B2B grandes duran meses; el programa se juzga con el calendario del comprador, no con el del informe mensual.
  • Montar el programa antes de tener los datos. Sin un CRM que diga quién es cliente, quién está en negociación y quién no responde, no hay listas que segmentar. Es lo mismo que ocurre en cualquier estrategia de ventas B2B.

Preguntas frecuentes

¿Sirve el ABM para una empresa pequeña?

Sí, y a veces mejor: una consultora de diez personas con doce clientes potenciales tiene el escenario ideal. Lo que no podrá hacer es la parte publicitaria en LinkedIn, por el mínimo de 300 cuentas emparejadas. Su ABM será de ventas, contenido y correo.

¿Cuántas cuentas debe tener la lista?

Depende del nivel. Para uno a uno, entre cinco y veinte. Para uno a pocos, decenas agrupadas por sector o problema. Para programático hay que superar los mínimos de la plataforma, que en LinkedIn son 300 cuentas de miembro emparejadas.

¿Hace falta una herramienta específica de ABM?

No para empezar. Un CRM ordenado, LinkedIn Campaign Manager y un calendario compartido con ventas cubren los primeros meses. Las plataformas especializadas resuelven la escala y la atribución, que son problemas posteriores.

¿ABM y marketing de contenidos son incompatibles?

No. El contenido es la munición del ABM: lo que cambia es el destinatario. En vez de escribir para «responsables de compras» en abstracto, se escribe para el problema concreto del sector de las cuentas de la lista.

¿En qué se diferencia del marketing de cuentas clave de toda la vida?

En poco, salvo en que ahora marketing participa desde el principio y hay canales digitales para llegar a esas cuentas de forma medible. El key account management era una función de ventas; el ABM es la versión con marketing dentro.

Portada: fotografía de una audiencia profesional en un congreso, por Christopher Michel (Flickr), con licencia CC BY 2.0.

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