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¿Qué cuenta realmente como red social? Un estudio revela que ni los usuarios se ponen de acuerdo

4 min de lectura
Iconos de aplicaciones sociales en un teléfono, tema del estudio de Aston University sobre qué se considera una red social

Instagram, Facebook, X, TikTok y Snapchat son reconocidas casi sin discusión como redes sociales. Pero cuando aparecen WhatsApp, Roblox, Wikipedia, foros o plataformas de video, el consenso se desarma. Un estudio de Aston University con cerca de 1.000 usuarios activos concluyó que no existe una definición pública claramente aceptada de “social media” ni acuerdo sobre qué servicios caben dentro de ella.

La ambigüedad no es solo académica. Afecta cómo las marcas delimitan audiencias, cómo los equipos comparan métricas entre plataformas y cómo los reguladores redactan normas para proteger a menores o contener riesgos digitales.

Las claves del estudio

  • Consenso limitado: Instagram, Facebook, X, TikTok y Snapchat fueron las cinco plataformas más identificadas como redes sociales entre participantes de todas las edades.
  • Zonas grises: servicios como Roblox y Wikipedia cumplen varias características habituales —contenido generado por usuarios, interacción y comunidad—, pero rara vez son percibidos como redes sociales.
  • Definiciones preferidas: las personas valoraron explicaciones fáciles de entender e inclusivas, antes que fórmulas que excluyen plataformas por una función específica.
  • Balance de percepciones: los participantes reconocieron beneficios como entretenimiento, acceso a noticias y mantenimiento de relaciones, junto con riesgos como desinformación, adicción, interrupción del sueño y ciberacoso.

La investigación fue desarrollada por Evelyn Murray junto con Charlotte Pennington, Daniel Shaw y Michael Larkin, del Departamento de Psicología de Aston University, y publicada en Psychology of Popular Media.

Por qué importa para el marketing

Para una estrategia de medios, llamar “social” a todo el ecosistema puede ocultar diferencias decisivas. Una plataforma centrada en mensajería privada, otra basada en video recomendado algorítmicamente y una comunidad de videojuegos no ofrecen la misma intención de uso, formato de interacción ni señal de rendimiento.

La consecuencia práctica es que marcas y agencias deberían describir el canal y el comportamiento que quieren activar, en vez de apoyarse únicamente en una etiqueta amplia. Esta precisión cobra más valor cuando herramientas como Klaviyo conectan la actividad social con datos de CRM, o cuando se comparan indicadores de participación como los que sitúan a LinkedIn entre las plataformas con mayor engagement.

Una definición imprecisa también complica la regulación

El equipo investigador advierte que las propuestas para restringir redes sociales a menores pueden terminar siendo demasiado amplias o poco efectivas si parten de un concepto mal definido. Una prohibición general para menores de 16 años, por ejemplo, podría incluir WhatsApp y afectar comunicaciones familiares si el servicio se clasifica de manera automática como red social.

La lección también sirve para los sistemas de medición: agrupar plataformas heterogéneas bajo una sola categoría puede producir comparaciones engañosas. Para los marketers, una taxonomía útil debería distinguir al menos entre redes de relaciones, mensajería, comunidades, video social, gaming social y plataformas de conocimiento colaborativo.

Menos etiquetas, más contexto de uso

El estudio no propone borrar el término “red social”, sino usarlo con mayor precisión. En la práctica, esto implica definir qué función, audiencia y comportamiento se está analizando antes de diseñar una campaña o interpretar resultados.

A medida que las plataformas mezclan comercio, entretenimiento, buscadores, mensajería y creación de contenido, la categoría seguirá volviéndose más porosa. Para marcas y medios, entender esa mezcla será más útil que intentar forzar cada servicio dentro de una única casilla.

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